Poema XXXI
Sinceramente, ya no me acuerdo
si alguna vez hubo primera hora,
que lograra atracar en un puerto
sin ser impedimento su eslora;
si estuvo al alcance de los cuerdos
más de una habilidad defensora
con la que deshacer desacuerdos
como el del crepúsculo y la aurora.
Básicamente, yo ya no entiendo
lo que atribuyen a una mejora,
seguimos siendo esclavos del tiempo
u obedientes siervos del ahora (y);
queriendo o no seguimos omitiendo
toda actitud sobrecogedora
que nos lleva a acabar eligiendo
entre varios tipos de zozobra.
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